Orar es una conversación, es hablar con Dios, con ese ser maravilloso que nos creo y su nombre es Jehová, Dios nos habla a través de las escrituras y nosotros tenemos acceso libre para comunicarnos con él a través de la oración ya que en ese momento nuestro espíritu está dispuesto en humildad para tener esa conversación cálida y sencilla, que nos ayudara a obtener paz interior; para poder hacer algo que no podemos descifrar como poder afrontar.
Es algo totalmente diferente si tenemos esa conversación en la carne es decir que cuando estamos en esa platica con nuestro creador, estamos más confiados en nuestro esfuerzo como humanos, convirtiéndose en una conversación tipo monologo, nos encontraremos hablando para nosotros mismos pero en solitario, sin ningún tipo de esperanza en que nuestro creador está ahí y nos escucha y nos puede dirigir a tomar decisiones que nos ayudaran en nuestro diario caminar.
Jesucristo siempre estaba en esa comunicación intima, personal y natural con nuestro Padre celestial y en las escrituras en el evangelio de mateo capítulo 6 versículos del 5 al 15 nos enseña cómo debemos orar.
Diciendo:
5- Y cuando ores no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres, de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
6-Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que esta en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
7- Y orando no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que, por sus palabrerías, serán oídos.
8- No os hagáis pues semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.
9- Vosotros pues orareis así:
Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre.
10- Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
11- El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
12- Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
13- Y no nos metas en tentación, mas libranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos, Amen.

