Paz

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” Romanos 12:18

En la Biblia encontramos abundantes consejos que nos invitan a ser mejores día a día con nosotros mismos y con los demás.

En este versículo nos exhorta y nos anima; a estar en paz con los demás, y para alcanzarlo necesitamos tener en cuenta que para ello, es importante primeramente obtener o adquirir paz con nosotros mismos, es decir: que a pesar de lo que está ocurriendo en nuestro entorno, podemos encontrar equilibrio en nuestras emociones, no permitiendo que sean estas las que nos muevan a actuar en forma arrebatada o con enojo que probablemente más tarde nos podamos estar lamentando;  esto no quiere decir que vamos a estar aislados de todo y de todos para conseguirlo, sino mas bien buscar esa tranquilidad en medio de los obstáculos que se presentan en el día a día, pero para esto no hay una formula mágica, es una decisión muy personal que se puede tomar, teniendo la determinación para hacerlo, la firmeza y la voluntad en lograrlo  y disfrutar ese estado de tranquilidad “la paz interior”.

En una discusión existen dos o más participantes y a veces el estar de acuerdo se puede volver complicado, pero es en ese instante donde podríamos considerar que ese momento de controversia, es como un gimnasio espiritual, en el cual podemos poner en práctica lo que nuestro Padre Celestial a través de la Biblia nos enseña, como por ejemplo lo que nos muestra en (Romanos 12:2) que “seamos transformados mediante la renovación de nuestra mente”.

Por ejemplo, si la discusión esta ya acalorada, podríamos decir nuestro punto de vista del tema, en forma tranquila y pausada manteniendo un tono de voz suave y con calma y así la otra persona también lograra tener calma y suavizar la conversación.

La persona que mas grita y se descontrola no es la más fuerte, sino que es débil y con inseguridades, porque no puede tener dominio de sí mismo.

Es de valientes el querer tener la determinación de ser personas de paz, así como nos instruye la palabra de Dios: procurando hacer lo bueno delante de todos y en cuanto dependa de nosotros vivir en paz con todos.

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio”

(2 Timoteo 1:7)

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